sábado, 21 de agosto de 2010

LLEGAN VIENTOS DEL NORTE

EL DISCURSO DEL BOSQUE

“Llegan vientos del norte”

Hemos visto o leído en los medios de comunicación, los asuntos relacionados con la conservación de la naturaleza. ¿Quién no habrá escuchado hablar de los tratados internacionales en esta materia? ¿Quién no habrá pensado como alguno de estos países incumplen lo firmado o simplemente no lo firman?
Yo mismo, he pertenecido a grupos y he comprobado que no todos persiguen el mismo objetivo.
En algún verso del Discurso del Bosque, se hace referencia a que el propio bosque, aún desconociendo al hombre, solicita su ayuda para que el proceso de destrucción masivo actual no llegue a ser irreversible.
Los dirigentes de los países son los responsables de las grandes catástrofes, la deforestación, la desertización, la contaminación, la extinción de seres vivos, los incendios, la falta de gestión silvícola entre otras, ya que o bien participan con políticas erróneas o permiten dichas prácticas. Asimismo son ellos los que tienen la obligación de poner en marcha mecanismos que inviertan dicho proceso y en ellos debemos confiar para que así se cumplan, con planes de reforestación, eliminación de la contaminación, medios para atacar con eficacia los incendios forestales y una gestión silvícola adecuada y eficaz.
Pero yo como individuo, como ser único en un entorno mínimo, acuciado por los grandes problemas globales, ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo pretender que mi actuación salve al mundo? Sería una sandez solo pensarlo.
Como individuo único me queda lejos el Protocolo de Kyoto de 1997, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre medio ambiente y desarrollo, celebrada en Río de Janeiro de 1992 y ratificada en la Cumbre de Johannesburgo en el 2002.
Me quedan lejanos tales tratados. Pero también se que no me pertenece a mí salvar al mundo, y de hecho creérmelo me vuelve más egocéntrico y consecuentemente más alejado de resolver nada, con lo cual ante tal frustración me sobreviene la apatía y me lleva al hastío.
Pero al lado de mi casa corre un río. No hace más de una década era irrespirable para los que pasábamos cerca, hoy sus aguas vuelven a ser libres y salvajes. A pocos kilómetros de donde nací, otro río espera que un pequeño grupo, quizás cuatro o cinco personas acometan una acción similar. También tenemos fragas abandonadas desde el último gran incendio, tenemos montes escarpados donde el agua torrencial no permite penetrar a la raíz. Tenemos un mar que necesita que le sean retiradas las redes del olvido, los plásticos que los peces confunden con alimento.
Es así como un solo individuo dentro de sus posibilidades, puede hacer algo por el bosque, y al hacerlo también lo hace por si mismo. Si yo no me cuido, si fumo, si estoy ocioso, despreocupado de mi cuerpo, como puedo pretender que el lugar en el que yo vivo sea mejor que yo. Empecemos por respirar, por cuidar de nosotros mismos. Después vendrán las actuaciones, las salidas al campo. De mi mano, buscaré a un amigo, para que podamos compartir ideas, ilusiones, y aunque sea en la distancia, llegar a conseguir ese sueño de dejar algo bueno para nuestros hijos.

2 comentarios:

  1. Es más fácil predicar que dar trigo.
    Yo soy de las que digo "Yo hago mi parte, si sirve de ejemplo, estupendo"
    Y, cada uno que obre en conciencia. Casi sería suficiente.

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  2. · "Piensa global, actúa local" Todo se reduce a eso. Hay demasiadas cosas que nos quedan lejos pero nuestra acción política puede presionar a nuestros gobernantes ¿utópico? Lo que se puede hace es cambiar nuestra mentalidad y con ello cambiaremos nuestro entorno inmediato. Un riachuelo, por ejemplo.
    · Gracias por tu visita y amable comentario.

    · Saludos

    CR & LMA
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    ·

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